La c antes de e, i, tiene en valenciano el mismo sonido exactamente que la s; debe conservarse, sin embargo, en lo escrito por razón de etimología, escribiendo Barcelona, Vicènt, cera, ciutat, aunque todos leemos: Barselona, Visènt, sera y siutat.
Ch, G, J
Aquí, sin duda alguna, reside el problema fundamental de la ortografía valenciana; en estas letras estriba la confusión que en el campo de la literatura se observa y que todos deploramos; y, sin embargo, ahondando un poco en el asunto resulta la cosa tan clara que parece imposible que durante años y años hayan embrollado solas tres letras á una porción de escritores de indudable erudición y talento.
Basta, en efecto, para poner en claro el asunto, analizar los varios matices que en el grupo de los idiomas latinos ofrece el sonido de la ch [(4)] y precisar cuáles y cuántos de ellos posee el valenciano y con qué signos los ha representado en tiempos antiguos y en la actualidad.
Prescindiendo de ciertas rarezas de esta letra, como por ejemplo la ch portuguesa que casi es ll castellana, y la z ó la th en algunas palabras inglesas ó alemanas que casi suenan como ch explosiva, más bien que como tz; prescindiendo asimismo de ciertos defectos de pronunciación en algunas comarcas valencianas, y aun catalanas, en donde los finales en ts se confunden de tal modo con los en ig que resultan consonantes en poesía las voces plats y vaig, gòts y ròig, puede sentarse como base de este estudio que el sonido linguo-palatal que en los idiomas neolatinos se representa según los casos con uno de los signos que encabezan este párrafo, tiene cuatro matices que son: explosivo fuerte, ejemplo: la ch castellana (chico, coche) y la c italiana antes de e, i (civita, cercare); explosivo suave, ejemplo: la g italiana antes de e, i (generale, ragione); continuo ó fricativo fuerte, como la ch francesa (cheval, chiflet) y la x catalana (xocolat, marxa); continuo ó fricativo suave, como la j francesa y catalana (joli, juif, jolivèrt, jueu).
De estos cuatro sonidos, los franceses sólo emplean dos [(5)]; la ch continua fuerte (chifler, chocolat) y la continua suave (Jesus, girafe).
Los italianos, en cambio, sólo tienen las dos explosivas (cittá, cervello, Gesú, giraffa).
Los castellanos sólo tienen una, la explosiva fuerte (chico, chocolate), y sustituyen la explosiva suave con la j árabe que no conocen los demás latinos (Jesús, girafa).
Los catalanes (fíjense en esto los escritores valencianos) sólo emplean las dos continuas, como los franceses, pero con la diferencia ortográfica de que la fuerte, ó sea la ch francesa, la escriben x (xiflar, xocolat), aunque la pronuncian lo mismo que los franceses, y no como la ch castellana ni como la x.
Aunque acabamos de decir que franceses y catalanes no tienen en su fonética la ch explosiva fuerte, no es esto completamente cierto, pues la emplean alguna vez en palabras generalmente importadas de otras lenguas; en este caso, la representan en lo escrito anteponiendo una t á su respectivo signo de la fricativa fuerte, es decir, á la ch los franceses y á la x los catalanes; ejemplos: la palabra francesa caoutchouc, y las catalanas caputxí, cotxe, empatx.