Hemos tratado, hasta ahora, de los dos sonidos de la ch en principio y en medio de dicción. ¿Empleamos asimismo los dos en final de palabra? No; en fin de dicción empleamos únicamente el sonido suave; y á fin de comprobarlo les bastará á los valencianos procedentes de comarcas en que se pronuncian ambos, formar cualquier frase en que una palabra terminada con este sonido vaya seguida de otra que empiece en vocal; por ejemplo: ròig y blau, vaig á casa, fuig en seguida; es indudable que en estas circunstancias siempre el sonido de la letra dudosa resulta suave.

Otra prueba, no menos convincente, en favor de esto, es que todos los derivados de palabras terminados en ig suenan suaves en labios de cuantos distinguen ambos sonidos; ejemplos: de roig, roja, roget, rojor; de lleig, lleja; de puig, pujar, pujá ó pujada; de vaig, vaja, vajen; de veig, veja, vejen; de bateig, batejar; de mig, mija, amijanar; sólo dos excepciones hallo á esta regla, y tal vez no haya otras en el léxico valenciano, que son despaig y empaig, que dan origen á los verbos despachar y empachar que suenan fuertes; pero aun estas dos voces suenan suaves al ir seguidas de vocal, como, por ejemplo, en la siguiente frase: El despaig está tancat.

De todo esto, se deduce que en fin de dicción no hay duda en valenciano entre los dos sonidos, y que, por lo tanto, no puede haber en nuestra ortografía ningún final en ch fuerte; todos deben ser en ig; así únicamente se explica que hayan podido subsistir durante tantos siglos, lo mismo en valenciano que en catalán, la terminación en h de las sílabas ac, ec, ic, oc, uc, que, como ya vimos más arriba, no tiene razón de ser.

Resumen de todo lo dicho acerca de estas letras:
El sonido de la ch fuerte en principio y en medio de dicción se representa en valenciano por ch lo mismo que en castellano; no existe tal sonido en fin de palabra.
El sonido suave se representa en principio y en medio por j antes de a, o, u, y por j ó g, según la etimología, antes de e, i; en fin de dicción se representa por la sílaba ig.
Un problema: dado que las sílabas inversas aig, eig, oig, uig, deban escribirse así, como parece racional, en medio de dicción, ¿qué se hace cuando van seguidas de g, como en lligga, fuigguen? ¿Convendrá separar las dos gg con un guión, llig-ga, fuig-guen?
Otro problema: las voces que desde su origen latino traen la sílaba ig en medio de dicción, como ignorant, dignitat y tantas otras, ¿cómo se pronuncian? Si como todos lo hacemos, se pronuncian con gue, ¿qué podría hacerse para distinguir, por ejemplo: digne (digno), de lligme (léeme)?
La g antes de a, o, u y de consonantes suena gutural suave como en latín y en las demás lenguas derivadas de ésta; para tener el mismo sonido antes de e, ó de i, hay que interponer una u como en castellano, en francés y en catalán; ejemplos: gall, guèrra, figuera, seguir, agost, gracia, glòria; para que en las sílabas gue, gui suene la u, debe escribirse esta letra con diéresis; v. gr.: ungüent, argüir.

D, T

No hay en valenciano ninguna palabra que termine en d, deben escribirse con t final hasta las que llevan aquella letra en su origen ó en sus derivados; por ejemplo: buit de buidar, tart de tardar, nebot y neboda, vèrt y vèrda, bondat y bondades, ciutat y ciutadá, canut y canudet; y todos los participios pasivos regulares, como parat y parada, venut y venuda, vestit y vestida.

En muchas comarcas del reino se suprime al hablar la t final cuando va precedida de otra consonante, diciéndose pòn en vez de pònt, mol en vez de molt, pero reaparece, si no en los plurales, en las voces derivadas y hasta en los femeninos, en los diminutivos y en los aumentativos, como molta, moltisim, pontet, pontarró; debe, por lo tanto, conservarse en el lenguaje escrito.

Mayor tendencia tenemos aún los valencianos á suprimir la d en las terminaciones en ada, ador y adora; en la primera de éstas, frecuentísima en nuestra fonética, pues es propia de los participios pasivos femeninos de los verbos en ar, y de los sustantivos abundanciales y percusivos, no sólo suprimimos la d sino toda la sílaba final, pronunciando animá, consolá, gratificá, en vez de animada, consolada y gratificada, y asimismo, cequiá, cabasá, caragolá, bastoná, patá, martellá y demás sustantivos que, como estos, indican abundancia ó percusión; aparte de estos tres grupos de voces que, como es bien sabido, tienen en valenciano la terminación en ada sin excepción ninguna, son también muchos los sustantivos de otras especies y los adjetivos femeninos con la misma desinencia á quienes suprimimos igualmente la última sílaba; v. gr.; troná, albá, nevá, cantá, teulá, casá, espavilá, descará, Graná, Moncá, Vallá, La entrá de la murta, La vallá de Sant Francés.

No es menos unánime la supresión de la d en los verbales en ador y adora, desinencias no menos frecuentes que las en ada; apenas si queda ya hoy quien diga mocador, llaurador, cantadora, treballadora; y digo apenas queda, porque como todos sabemos, la mismo esta supresión que la anterior se han ido extendiendo progresivamente durante el pasado siglo, y ya hoy todos decimos mocaor, llauraor, cantaora y treballaora, y hasta se reiría la gente de quien dijera caragolades, patades, albades y teulades; que también en los plurales de todas estas voces hacemos la misma supresión.

¿Qué debe hacer, pues, el escritor ante la unánime aceptación de esta reforma prosódica de tan reciente origen? ¿Debemos adoptar tales supresiones en el lenguaje escrito dándoles carta de legitimidad como metaplasmos impuestos por el uso, ó debemos rechazarlas como verdaderos barbarismos?