Salta á la vista que lo primero, es decir, aquello en que la ortografía valenciana se diferencia esencialmente de la catalana y la castellana, ha de ser muy poco; pero como es precisamente lo que da carácter independiente á nuestra lengua y por ende lo que justifica y legitima la publicación del presente tratado, en ello hemos de fijar principalmente la atención, detallando hasta la minuciosidad las más pequeñas variantes y aportando toda clase de razones y comprobantes á fin de llevar la convicción al ánimo del más rebelde.
Podemos, pues, dividir la ortografía clásica valenciana en cuatro secciones fundamentales que pueden titularse del siguiente modo:
1.ª Reglas ortográficas comunes á todas las lenguas derivadas del latín.
2.ª Reglas ortográficas comunes al valenciano y al castellano.
3.ª Reglas ortográficas comunes al valenciano y al catalán.
4.ª Reglas ortográficas propias y privativas del valenciano.
Sin embargo, como esto seria un mal plan de exposición en una obrita que deseamos sirva de libro de consulta á los jóvenes escritores valencianos, adoptamos en ella la división que se acostumbra hacer en todos los tratados de ortografía [(1)], limitándonos á indicar en el presente capítulo de preliminares el alcance que damos á cada una de las indicadas secciones para poner de manifiesto el criterio que informa nuestro trabajo.
Sección 1.ª— Hija del latín la lengua valenciana, es natural que haya adoptado en lo escrito los signos que empleaba su madre, modificando tan sólo, al igual de sus hermanas las demás lenguas neolatinas, algunos de aquellos por exigencias de las variantes fonéticas que les impusieron los diferentes pueblos que intervinieron en el proceso de su formación; conservamos, por lo tanto, los valencianos las mismas letras que emplearon los latinos y seguimos observando, en la mayoría de ellas, idénticas reglas que tuvieron en lo antiguo.
Son estas letras, que pronunciamos, escribimos y combinamos como todos los lenguajes hijos del latín, las siguientes: a, b, d, e, f, h, i, l, m, n, o, p, q, r, s, t, u, v, y, ç; claro es que la afirmación que acabamos de hacer no es absolutamente exacta, pues en la h, por ejemplo, no seguimos á los italianos que la han eliminado del alfabeto; á la t antes de ia, io, iu, no le damos el sonido de c, como los franceses; sustituímos con la ç el signo z que emplean castellanos, italianos y franceses, y hacemos otras modificaciones parciales en el uso de algunas de estas letras; pero en general, y salvo ligeras excepciones que ya iremos detallando al tratar de cada letra en particular, puede decirse que las reglas ortográficas por que se rigen estas letras son comunes al valenciano y á las demás lenguas latinas.
Sección 2.ª— Aunque la mayoría de los escritores valencianos contemporáneos pertenecientes á la escuela que podemos llamar erudita en contraposición á la popular, han tomado á empeño el distanciarse de la ortografía castellana, inclinándose en cambio á la catalana de tal manera, que casi han llegado á hacer una sola de ésta y la nuestra, es indudable que castellanos y valencianos tenemos desde el siglo XV muchísimas reglas ortográficas comunes; comunidad que fué aumentando con el tiempo hasta el punto de que Carlos Ros pudiera en el siglo XVIII unir en un solo tratado las dos ortografías con su Práctica de Ortographia para los dos idiomas Castellano y Valenciano, y que llegó á convertirse en verdadera unidad en el XIX en manos de los escritores cómicos y satíricos, es decir, de los genuinamente populares, como Bernat y Baldoví, Bonilla, Balader, Liern, Escalante y Palanca.
Sin embargo, aunque sigo creyendo, como ya dije en mi Gramática Valenciana Popular, que esta unificación sería lo más cómodo y fácil para los principiantes, confieso que no es lo literario, lo científico, lo clásico; pero quiero al mismo tiempo recordar una vez más que la ortografía valenciana legítima está hace ya siglos tan distanciada de la catalana como de la castellana, y si bien es cierto que tiene mucho de común con una y otra, no debe en manera alguna confundirse con ninguna de las dos, cuidando de mantener su autonomía y su carácter propio, inspirándose por un lado en la tradición bien comprobada y por otro en el ejemplo de las lenguas similares que han evolucionado prudentemente con objeto de facilitar la lectura y simplificar la escritura.
Ejemplos bien claros tenemos de estas dos fuentes de perfección en varias reglas comunes á valenciano y castellano; en lo relativo á la tradición pueden servir de tales el uso de la ch en principio y medio de dicción para expresar el sonido de esta letra cuando es fuerte y explosiva, y el de la h, la v y la b por razón de etimología; en lo que se refiere á la evolución podemos citar el abandono definitivo de la th y la ph, la fijación clara y terminante de la u y la v, que tanto solían confundirse en lo antiguo, y la precisión en el uso del acento agudo lograda en el último siglo por la Academia Española para el castellano y aceptada por catalanes y valencianos.
Sección 3.ª — Si, como acabamos de ver, la ortografía valenciana tiene algo de común con la castellana, es indudable que tiene más con la catalana; pero no tanto que pueda ni deba fundirse con ésta en un solo cuerpo de doctrina; empleamos, en efecto, lo mismo que los catalanes la ny en equivalencia fonética de la ñ castellana y la gn francesa ó italiana; usamos, como ellos, la ch final con el sonido de k, y la j y g (ésta sólo antes de e, i ó en los finales en ig) para expresar el de ch suave que no conocen los castellanos; pero nos distinguimos de ellos en que no anteponemos á estas dos letras la t para darles el sonido de explosiva fuerte, en que no usamos la x en principio de dicción, en que pronunciamos la i de la ix después de vocal, en que terminamos en es los plurales de los nombres en a que ellos terminan en as (escriben ellos dònas y nosotros dònes), en que no doblamos la l en medio de dicción, y en otras particularidades que ya iremos notando en su lugar correspondiente.
Sección 4.ª— De todo lo dicho se desprende que la ortografía valenciana, aunque sin haber sido nunca oficialmente reglamentada (á pesar de varios intentos más generosos que afortunados), se ha mantenido desde el siglo XV al XIX perfectamente separada de la castellana y la catalana; sólo á mediados de este último siglo empezaron á marcarse las dos tendencias igualmente heterodoxas que sin llegar á formar dos escuelas bien diferenciadas, con maestros, textos y partidarios convencidos y firmes (ó tal vez por esto mismo, por no haberse formado tales sectas), nos han desorientado á todos y han producido la anarquía mansa de que tantas veces nos hemos lamentado.
Igualmente heterodoxas he llamado á las dos tendencias, y realmente lo son: la' tendencia castellana, porque si bien puede defenderse en la literatura popular (puesto que el pueblo de la capital y su comarca no tiene hoy más diferencias fonéticas con Castilla que la è y la ò abiertas que pueden muy bien marcarse con un simple acento grave), no debe en manera alguna admitirse en el lenguaje culto, ya que la prosodia valenciana legítima, viva aún en la mayoría de las poblaciones del reino, posee dos sonidos, la ch y la s suaves que desconocen los castellanos, y carece, en cambio, de otros dos que éstos heredaron al parecer de los árabes, la j y la z; y la catalana porque también su prosodia es diferente de la nuestra hace ya siglos y así lo apreciaron desde el principio nuestros más eximios escritores, empleando en principio de dicción la ch en vez de la x que usan los catalanes, prescindiendo de la t que éstos anteponen á la x y á la j en medio de dicción, y terminando en es los plurales de las voces en a final; como para probar esto tendría que aducir documentos y comprobantes que ya he publicado, remito al lector el artículo que con el título de Algo sobre fonología valenciana se publicó en el Almanaque de Las Provincias del año 1899 y que reproduzco íntegro al final de este trabajo con objeto de facilitar su consulta.
Resulta, pues, resumiendo todo lo dicho, que los valencianos tenemos ya de antiguo nuestra lengua escrita propia y especial, como especial y propia es la hablada, y diferente, por lo tanto, de la catalana, la aragonesa, la castellana, la murciana y la baleárica que geográficamente la circundan; y no se comprende, siendo la cosa tan clara, que vayan los escritores valencianos, desde hace ya más de un siglo, dando tumbos y resbalones; unos echándose francamente en brazos de la Academia Española y aceptando para el valenciano las reglas ortográficas dictadas por ésta para el castellano; y otros haciendo algo mucho peor: adoptando en sus escritos no ya la ortografía, sino hasta la analogía y la sintaxis catalanas, jurando, no obstante, y perjurando que escriben en valenciano puro y castizo. No necesito hacer salvedades; todos hemos pecado, unos más que otros; pero el que menos, lo suficiente para que deba hacer ya propósito de la enmienda.
A ello vamos, pues; á precisar el genuino concepto de la ortografía valenciana tal y como resulta del estudio detenido de nuestros clásicos, si bien con las prudentes modificaciones que la marcha de los tiempos impone á estos códigos literarios lo mismo que á los científicos, á los jurídicos y á los artísticos; quien de esto se aparte en lo esencial (no nos referimos á pequeños detalles perfectamente discutibles y opinables), no diga que escribe en valenciano literario; escribirá en valenciano popular si sigue á los primeros, ó escribirá como los segundos en catalán; en catalán atenuado por lo menos, como el de Lérida ó Tortosa.