CAPITULO II
De la ortografía en general

Sabido es que el bello ideal de toda ortografía consiste en escribir una lengua tal como se habla, empleando en consecuencia un signo para cada sonido y no asignando dos ó más sonidos á un solo signo; pero esto que no le es difícil á un lenguaje artificial, como el moderno esperanto por ejemplo, es de todo punto imposible al tratarse de una lengua natural, formada por aluviones de cien razas, idiomas y literaturas diferentes, en la que es preciso respetar etimologías que la marcan indeleblemente como estigmas atávicos de raza, inflexiones de voz que por uso ininterrumpido de muchas generaciones han llegado casi á modificar fisiológicamente los órganos de la fonación de todo un pueblo, y costumbres impuestas como ley por autoridades respetables y respetadas en el cultivo de su literatura tradicional.

A estos tres principios, por lo tanto, necesita ajustarse la ortografía valenciana clásica, ora escribiendo las voces con arreglo á su origen según se escribió cada una de ellas en la lengua de donde la tomó la nuestra, ora respetando la forma en que la escribieron desde un principio los mejores maestros de nuestra literatura, ya atendiendo á la pronunciación de la mayoría de los valencianos en tiempo antiguo ó en la época actual.

Mas como no existe una regla fija y matemática que indique, con seguridad, á cuál de estos tres principios obedece en el lenguaje escrito cada una de las voces de nuestra lengua, es necesario marcar al detalle las varias reglas particulares que se derivan de dichas fuentes á fin de precisar la manera de emplearse tanto las letras como los signos auxiliares de la escritura.

Empecemos, pues, por estudiar lo que son letras y cuántas de éstas tiene la lengua valenciana.

Es letra en el lenguaje hablado, según la Academia Española, «la menor parte de voz con que se modula ó articula un sonido simple y determinado»; y lo es en el escrito el signo que representa dicho sonido; el conjunto de las letras se llama abecedario ó alfabeto.

El alfabeto valenciano consta de los veintiocho signos siguientes:
a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, I, II, m, n, ny, o, p, q, r, s, t, u, v, x, y, ç.

Estas letras, lo mismo en nuestro alfabeto que en todos los europeos, se escriben de dos maneras diferentes, fijándose para el uso de unas ú otras determinadas reglas, según el caso y el lugar en que deben emplearse; el nombre con que se conocen estas dos clases de letras es el de minúsculas para las que antes hemos escrito, y mayúsculas para las siguientes:
A, B, C, Ch, D, E, F, G, H, I, J, K, L, Ll, M, N, Ny, O, P, Q, R, S, T, U, V, X, Y, Ç.

Además de esta división en mayúsculas y minúsculas, se dividen también las letras de nuestro alfabeto en sencillas y dobles; estas últimas se representan con dos signos, y son la ch, la ll, la ny, la rr y la ss, á las que tal vez debiera añadirse, alambicando un poca la cosa, la ig en fin de dicción y la ix; nótese, en cambio, que no admitimos las dos letras dobles del alfabeto catalán tj y tx, aunque algunos literatos valencianos contemporáneos las emplean, ni la th y la ph que se encuentran en muchos escritos antiguos; las razones que para ello tenemos las expondremos al tratar de la j, de la x y de la h en su lugar correspondiente á fin de no involucrar cuestiones ni alargar el presente capitulo.

La mayoría de estas letras conservan en nuestra lengua el mismo valor que tuvieron en la latina, siendo su uso uniforme y claramente determinado; hay algunas, sin embargo, que por tener oficio doble ó por haber modificado el que tuvieron antiguamente, ofrecen algunas dudas en el modo de emplearlas; tienen oficio doble entre nosotros la e, la o, la c, la ch, la g, la x y la y; y han modificado el que tenían antiguamente la u, la v y la ch en medio de dicción.