En Mindanao encienden en la playa hogueras ó forman hachas con maderas resinosas, con lo que lo atraen á la orilla y entonces el pescador le clava el arpón y lo recoge.
El volador, pescado que no excede nunca de una tercia: debido al gran desarrollo de sus aletas se eleva sobre las aguas y vuela un largo trecho. Algunas aves aficionadas á su carne lo espían y lo cogen al dar el vuelo; otras veces se elevan tanto que vienen á caer en las cubiertas de los barcos. Nosotros hemos tenido ocasión de examinar algunos de éstos en el viaje á Filipinas, pues en los días de viento eran muchos los que caían á cubierta.
Tiburón.—Este sanguinario animal, que vive á costa de sus congéneres, es abundantísimo en los mares del Archipiélago. Los indios lo comen cuando es pequeño, y si es de gran tamaño aprovechan las aletas y cola que son objeto de comercio para exportarlo á China, donde sacan de ellas una gelatina muy apreciada como alimento.
Tintorera.—También abunda mucho; sacan de ella los mismos beneficios que del tiburón.
Pez sierra y Raya.—De gran tamaño, del que se sacan bastones muy apreciados, y á los que el indio atribuye extrañas virtudes.
Bogoon.—Pececito que no pasa de un decímetro de largo; se coge en cantidades fabulosas, y después de salado y envasado en tinajas es objeto de un importante tráfico.
Por último, mencionaremos el curioso dalag, con el cual acontecen fenómenos que demuestran la extraordinaria vitalidad de este animal.
Al secarse algunos pantanos y arroyos donde éstos habitan se quedan aletargados en el fondo, y cuando al cabo de algunos meses vuelven las aguas, el dalag recobra la vida, volviendo á su anterior estado.
Algunas veces el indio no tiene necesidad de pescarlo; como se produce abundantemente en las sementeras de arroz, donde hay una capa fangosa en vez de agua, en la que el pescado circula con dificultad, mata á palos los que necesita para sus comidas.
Su carne, aunque insípida, es blanca y constituye un manjar agradable y sano.