Como todos los pueblos influídos por el mahometismo, son muy desconfiados y suspicaces, y para el asunto más insignificante se pasan los días de Bichara con el sólo objeto de procurar engañar á todo el que tiene algún trato con ellos; su número será de unos 200.000.
De la mezcla de los moros con los aborígenes, y de éstos con los indios Tagalos y Visayas y aún algunos elementos chinos, se han formado una infinidad de tribus de muy distintas condiciones, usos y costumbres, que se clasifican en la siguiente forma:
Manguangas.—Habitan en una extensa porción de terreno, comprendido entre el río Aguzan y la provincia de Misamis, y desde la costa N. hasta las inmediaciones de la laguna de Buhayan; son holgazanes y muy aficionados al robo.
Negritos-mamanuas.—Los negritos ó mamanuas se subdividen en distintas tribus, cuyas costumbres y dialectos varían según las diferentes razas con que se han cruzado.
Habitan en la cordillera oriental entre Butuan y Surigao; en las inmediaciones del seno de Davao, en las orillas del Agusan, se encuentran algunas familias, y en mayor número en las cordilleras centrales de la isla.
De la mezcla con elementos malayos y mongoloides proviene el que tengan la mayoría color algo claro y el pelo lacio, en lo que se diferencian de los de su misma raza en el resto del Archipiélago.
Sumamente montaraces huyen de todo trato social, y cuando alguna vez los misioneros han conseguido que habitaran en las misiones ó pueblos de conquistas, poco han tardado en abandonar el poblado, volviendo á su vida errante en lo más intrincado de los montes, donde siembran sus cosechas, é inmediatamente de hecha la recolección levantan campo, y hasta que las necesidades de cultivar lo exigen no vuelven á pernoctar en sitio determinado, dedicándose á su pasión favorita que es la caza.
Son muy sucios y el pelo se lo dejan crecer sin cortarlo jamás, así es que cuando las mujeres, efecto de la edad, se abandonan en lo que al cuido personal respecta, parecen verdaderas furias.
Las prendas de su uso consisten en un jabul corto que no les llega á las rodillas las mujeres, y taparrabos los hombres.
Sus armas son la flecha y el bolo; la primera, que manejan con rara habilidad, la emplean en la cacería, y emponzoñadas con substancias vegetales si las emplean en combatir á sus enemigos. El bolo es su herramienta universal: cortan árboles y bejucos para construír sus viviendas; cuando cazan, de él se valen para limpiar las pieles y trocear la carne y hasta en el cultivo lo emplean.