—¿Y cómo influir? preguntó un impaciente.
—El P. Irene me indicó dos medios...
—¡El chino Quiroga! dijo uno.
—¡Ca! Valiente caso hace de Quiroga...
—¡Un buen regalo!
—Menos, se pica de incorruptible.
—Ah ya, ¡ya lo sé! esclamó Pecson riendo; Pepay la bailarina.
—¡Ah, sí! ¡Pepay la bailarina! dijeron algunos.
Esta Pepay era una rozagante moza que pasaba por ser muy amiga de don Custodio: á ella acudían los contratistas, los empleados y los intrigantes cuando algo querían conseguir del célebre concejal. Juanito Pelaez que tambien era amigo de la bailarina se ofrecía á arreglar el asunto, pero Isagani sacudió la cabeza y dijo que era bastante haberse servido del P. Irene y que sería demasiado valerse de la Pepay en asunto semejante.
—¡Veamos el otro medio!