—¡¡El chino Quiroga!! El alcahuete de los...

—¡Cállate, hombre!

—Al fin, prosiguió Makaraig, iban á encarpetar el espediente y dejarlo dormir por meses y meses cuando el P. Irene se acordó de la Comision Superior de Instruccion Primaria y propuso, puesto que se trataba de la enseñanza de la lengua castellana, que el espediente pasara por aquel cuerpo para que dictaminasen sobre él...

—Pero si esa comision ya no funciona hace tiempo, observó Pecson.

—Eso precisamente le contestaron al P. Irene, continuó Makaraig, y él replicó que era buena ocasion aquella para que reviva, y aprovechándose de la presencia de D. Custodio, uno de los vocales, propuso que en el acto se nombrase una comision, y vista y conocida la actividad de D. Custodio se le nombró ponente y ahora está el espediente en sus manos. D. Custodio prometió despacharlo en todo este mes.

—¡Viva don Custodio!

—¿Y si don Custodio dictamina en contra? preguntó el pesimista Pecson.

Con eso no contaban, embriagados con la idea de que el asunto no se archivaba. Todos miraron á Makaraig para saber qué se resolvía.

—La misma objecion se la he hecho al P. Irene, pero con su risa picaresca me dijo: Hemos ganado mucho, hemos conseguido que el asunto se encamine hácia una solucion, el enemigo se ve obligado á aceptar la batalla... si podemos influir en el ánimo de don Custodio para que, siguiendo sus tendencias liberales, informe favorablemente, todo está ganado; el General se muestra en absoluto neutral.

Makaraig se detuvo.