El nombre nuevo quedó aceptado.

—Señores, dijo Makaraig que era el que había dispuesto el menú; ¡aun tenemos tres platos! Lumpiâ de chino hecho de carne de cerdo...

—¡Que se ofrece al P. Irene!

—¡Sopla! El P. Irene no come cerdo si no se quita la nariz, observó en voz baja un joven de Iloilo á su vecino.

—¡Se quitará la nariz!

—¡Abajo la nariz del P. Irene! gritaron todos en coro.

—¡Respeto, señores, más respeto! reclamó Pecson con cómica gravedad.

—El tercer plato es una torta de cangrejos...

—Que se dedica á los frailes, añadió el de Visayas.

—Por lo cangrejos, terminó Sandoval.