—Vengo á ver á mi amigo Makaraig, contestó tranquilamente.

Los guardias se miraron.

—Espérese usted aquí, díjole uno; espere usted á que baje el cabo.

Basilio se mordió los labios, y las palabras de Simoun resonaron otra vez en sus oidos... ¿Habrán venido á prender á Makaraig? pensó, pero no se atrevió á preguntarlo.

No esperó mucho tiempo; en aquel momento bajaba Makaraig hablando alegremente con el cabo, precedidos ambos de un alguacil.

—¿Cómo? ¿usted tambien, Basilio? preguntó.

—Venía á verle...

—¡Noble conducta! dijo Makaraig riendo; en los tiempos de calma, usted nos evita...

El cabo preguntó á Basilio por su nombre, y hojeó una lista.

—¿Estudiante de Medicina, calle de Anloague? preguntó el cabo.