En aquel momento asomó la cara Plácido Penitente, acompañado del pirotécnico que vimos recibiendo las órdenes de Simoun. Todos rodearon á los recien llegados preguntando por novedades.

—No he podido hablar con los presos, respondió Plácido; ¡hay unos treinta!

—¡Estaos alerta! añadió el pirotécnico, cambiando una mirada de inteligencia con Plácido; dicen que esta noche va á haber un degüello...

—¿Ja? ¡Rayo! exclamó Chichoy, buscando con los ojos un arma y no viendo ninguna, cogió su soplete.

El maestro se sentó; le temblaban las piernas. El crédulo ya se veía degollado y lloraba de antemano por la suerte de su familia.

—¡Ca! dijo el escribiente; ¡degüello no va á haber! El consejero del—é hizo una seña misteriosa—está por fortuna enfermo.

—¡Simoun!

—¡Ejem, ejem, ejjjem!

Plácido y el pirotécnico se cambiaron otra mirada.

—Si no llega á estar enfermo ese...