Todo llama la atencion, todo ocasiona bromas y comentarios.
Ora es una magnífica victoria que se para junto á la puerta para depositar á una familia devota; van á visitar á la Virgen del Rosario en su día favorito; los ojos de los curiosos se afilan para espiar la forma y el tamaño de los piés de las señoritas al saltar del coche; ora es un estudiante que sale de la puerta con la devocion aun en el rostro: ha pasado por el templo para rogar á la Virgen le hiciese comprensible la leccion, para ver si está la novia, cambiar algunas miradas con ella é irse á clase con el recuerdo de sus amantes ojos.
Mas en los grupos se nota cierto movimiento, cierta espectacion, é Isagani se interrumpe y palidece. Un coche se ha detenido junto á la puerta: la pareja de caballos blancos es bien conocida. Es el coche de la Paulita Gomez y ella ha saltado ya en tierra, ligera como un ave, sin dar tiempo á que los pícaros le vieran el pié. Con un gracioso movimiento del cuerpo y un pase de la mano se arregla los pliegues de la saya, y con una mirada rápida y como descuidada ha visto á Isagani, ha saludado y ha sonreido. Doña Victorina baja á su vez, mira al través de sus quevedos, vé á Juanito Pelaez, sonrie y le saluda afablemente.
Isagani, rojo de emocion, contesta con un tímido saludo; Juanito se dobla profundamente, se quita el sombrero y hace el mismo gesto que el célebre cómico y caricato Panza cuando recibe un aplauso.
—¡Mecáchis! ¡qué chica! exclama uno disponiéndose á partir; decid al catedrático que estoy gravemente enfermo.
Y Tadeo, que así se llamaba el enfermo, entró en la iglesia para seguir á la joven.
Tadeo va todos los días á la Universidad para preguntar si hay clase y cada vez se extraña más y más de que la haya: tiene cierta idea de una cuacha latente y eterna y la espera venir de un día á otro. Y todas las mañanas, despues de proponer en vano que hagan novillos, se marcha pretestando grandes ocupaciones, compromisos, enfermedades, precisamente en el momento mismo en que sus compañeros entran en la clase. Pero, por no se sabe qué arte de birlibirloque, Tadeo aprueba cursos, es querido de los profesores y tiene delante un hermoso porvenir.
Entretanto un movimiento se inicia y los grupos empiezan á moverse; el catedratico de Física y Quimica ha bajado á clase. Los alumnos, como burlados en sus esperanzas, se dirigieron al interior del edificio dejando escapar exclamaciones de descontento. Plácido Penitente sigue á la multitud.
—¡Penitente, Penitente! ¡le llamó uno con cierto misterio firma esto!
—Y ¿qué es eso?