—¡Hola, pues probo consecuentiam! Per te, la superficie pulimentada constituye la esencia del espejo...
—¡Nego suppositum! interrumpió Juanito al sentir que Plácido le tiraba de la americana.
—¿Cómo? Per te...
—¡Nego!
—Ergo ¿tu opinas que lo que está detrás influye sobre lo que está delante?
—¡Nego! gritó con más ardor todavía, sintiendo otro tiron de su americana.
Juanito ó mejor Plácido que era el que le apuntaba, empleaba sin sospechar la táctica china: no admitir al más inocente estranjero para no ser invadido.
—¿En qué quedamos pues? preguntó el catedrático algo desconcertado y mirando con inquietud al intransigente alumno; ¿influye ó no influye la sustancia que está detrás, sobre la superficie?
Ante esta pregunta precisa, categórica, especie de ultimatum, Juanito no sabía qué responder y su americana no le sugería nada. En vano hacía señas con la mano á Plácido; Plácido estaba indeciso. Juanito aprovechóse de un momento en que el catedrático miraba á un estudiante que se quitaba disimuladamente las botinas que le venían muy apretadas, y dió un fuerte pisoton á Plácido, diciendo:
—¡Sóplame, anda, sóplame!