—Parece que sí, Padre; lo dice el libro...
—Lo es, lo es, y la palabra amalgama quiere decir que va unida al mercurio que tambien es otro metal. Ergo un espejo de cristal es un espejo de metal; ergo los términos de la division se confunden, ergo la clasificacion es viciosa, ergo... Cómo te explicas tú, ¿espíritu-sastre?
Y marcaba los ergos y los tues con una fruicion indecible y guiñaba el ojo como diciendo: ¡estás frito!
—Es que... es decir que... balbuceaba Plácido.
—Es decir que no has comprendido la leccion, espíritu mezquino que ¡no te entiendes y soplas al vecino!
La clase no se indignó, al contrario, muchos encontraron el consonante gracioso y se rieron. Plácido se mordió los labios.
—¿Cómo te llamas tú? preguntóle el catedrático.
Plácido contestó secamente.
—¡Aja! Plácido Penitente, pues más pareces Plácido Soplon ó Soplado. Pero te voy á imponer penitencia por tus sopladurías.
Y feliz con el juego de palabras, le mandó dijese la leccion. El joven, en el estado de ánimo en que se encontraba, cometió más de tras faltas. El catedrático entonces, moviendo la cabeza de arriba abajo, abrió lentamente la lista y con toda pausa la fué recorriendo mientras repetía el nombre en voz baja.