—Palencia... Palomo... Panganiban... Pedraza... Pelado... Pelaez... Penitente, ¡ajá! Plácido Penitente, quince faltas voluntarias de asistencia...
Plácido se irguió;
—¿Quince faltas, Padre?
—Quince faltas voluntarias de asistencia, continuaba el catedrático; con que no te falta más que una para ser borrado.
—¿Quince faltas, quince faltas? repetía Plácido aturdido; no he faltado más que cuatro veces y con hoy, cinco, ¡si acaso!
—¡Júsito, júsito, señolía! contestó el catedrático examinando al joven por encima de sus gafas de oro. Confiesas que has faltado cinco veces y, sabe Dios, ¡si no has faltado más! Atqui como leo la lista muy raramente, y cada vez que le cojo á uno le pongo cinco rayitas, ergo, ¿cuántas son cinco por cinco? ¡A que te has olvidado de la tabla de multiplicar! ¿Cinco por cinco?
—Veinticinco...
—¡Júsito, júsito! De manera que todavía te tragas diez, porque no te he pillado más que tres veces... ¡Uy! si te pillo en todas... Y ¿cuántas son tres por cinco?
—Quince...
—Quince, ¡parejo camaron con cangrejo! concluyó el catedrático cerrando la lista; si te descuidas una más, ¡sulung! ¡apuera de la fuerta! ¡Ah! y ahora una faltita de leccion diaria.