—¡Eso es! ¡eso es!—repitieron sus partidarios.
—¡Tiene razón!—murmuraron pensativos algunos viejos.
—¡En eso no había yo pensado jamás!—prosiguió Cpn. Basilio.
—Pero ¿cómo vais á hacer eso?—le objetó el intransigente.
—¡Muy fácilmente!—contestó el joven.—Traigo aquí dos comedias, que seguramente el buen gusto y conocido discernimiento de los respetables ancianos, aquí reunidos, encontrarán muy aceptables y divertidas. Titúlase una «La Elección del Gobernadorcillo;» es una comedia en prosa, en cinco actos, escrita por uno de los presentes. La otra en nueve actos, para dos noches, es un drama fantástico de carácter satírico, escrito por uno de los mejores poetas de la provincia, y se titula Mariang Makiling[8]. Viendo nosotros que se retardaba la discusión de los preparativos de la fiesta, y temiendo que nos faltase tiempo, hemos buscado en secreto nuestros actores y les hemos hecho aprender sus papeles. Esperamos que con una semana de ensayo, tendrán más que lo suficiente para salir airosos de su cometido. Esto, señores, además de ser nuevo, útil y razonable, resulta económico: trajes no necesitamos, los nuestros sirven, los de la vida común.
—¡Yo costeo el teatro!—exclamó entusiasmado Cpn. Basilio.
—¡Si salen soldados, presto los míos!—dijo el capitán de cuadrilleros.
—Y yo... y yo... si necesitan un viejo...—balbuceaba otro, y se erguía con prosopopeya.
—¡Aceptado! ¡aceptado!—gritaron muchas voces.
El teniente mayor estaba pálido de emoción; llenáronse de lágrimas sus ojos.