—Yo también estoy conforme... pero ¡ejem!
El tribunal le escuchaba en silencio.
—¿Pero?—preguntó Cpn. Basilio.
—¡Muy conforme!—repitió el gobernadorcillo:—es decir... no estoy conforme... sí, pero...
Y se frotó los ojos con el dorso de la mano.
—Pero el cura,—continuó el infeliz,—el padre cura quiere otra cosa.
—¿Paga el cura la fiesta ó la pagamos nosotros? ¿Ha dado un cuarto siquiera?—exclamó una voz penetrante.
Todos miraron hacia el sitio de donde partieron estas preguntas: allí estaba el filósofo Tasio.
El teniente mayor estaba inmóvil con los ojos fijos, mirando al gobernadorcillo.
—Y ¿qué quiere el cura?—preguntó Cpn. Basilio.