—Pues el padre cura quiere... seis procesiones, tres sermones, tres grandes misas... y si sobra dinero, comedia de Tondo y canto en los intermedios.

—¡Pues nosotros no los queremos!—dijeron los jóvenes y algunos viejos.

—¡El padre cura lo quiere!—repitió el gobernadorcillo.—Yo he prometido al cura que se cumpliría su voluntad.

—Entonces ¿por qué nos habéis convocado?

—Precisamente... para decíroslo.

—Y ¿por qué no lo habéis dicho desde un principio?

—Quería decirlo, señores, pero Cpn. Basilio habló y no he tenido tiempo... ¡Hay que obedecer al cura!

—¡Hay que obedecerle!—repitieron algunos viejos.

—¡Hay que obedecer! de lo contrario el Alcalde nos encarcela á todos,—añadieron tristemente otros viejos.

—¡Pues obedeced y haced la fiesta vosotros!—exclamaron los jóvenes levantándose.—Nosotros retiramos nuestra contribución.