[10] Especie de nelumbium, planta acuática. [↑]
[11] Si á tu llegada viene á verte, con cara sonriente y cariñoso gesto, sé más prudente que nunca: es un traidor, un encubierto enemigo. [↑]
XXVII
Al anochecer
En casa de capitán Tiago se habían hecho también muy grandes preparativos. Conocemos al dueño; su afición al fausto y su orgullo de manileño debían humillar en esplendidez á los provincianos. Otra razón había además que le obligaba á procurar eclipsar á los otros: tenía á su hija María Clara, y estaba allí su futuro yerno que sólo hacía hablar de él.
En efecto: uno de los más serios periódicos de Manila le había dedicado un artículo en su primera plana, titulado: ¡Imitadle! colmándole de elogios y dándole algunos consejos. Le había llamado el ilustrado joven y rico capitalista; dos líneas más abajo, el distinguido filántropo; en el siguiente párrafo el alumno de Minerva que había ido á la madre patria para saludar al genuino suelo de las artes y ciencias y un poco más abajo el español filipino, etc., etc. Capitán Tiago ardía en generosa emulación y pensaba que tal vez fuese también su deber levantar á su costa un convento.
Días antes habían llegado á la casa, que habitaban María Clara y su tía Isabel, multitud de cajas de comestibles y bebidas de Europa, espejos colosales, cuadros y el piano de la joven.
Capitán Tiago llegó el mismo día de la víspera: al besarle su hija la mano, él le regaló un hermoso relicario de oro con brillantes y esmeraldas, conteniendo una astilla de la barca de San Pedro, donde se había sentado Nuestra Señora durante la pesca.
La entrevista con el futuro yerno no podía ser más cordial; se habló naturalmente de la escuela. Capitán Tiago quería que se llamase escuela de San Francisco.