[1] Tela fabricada con el filamento de una variedad del abacá, llamada albay. [↑]

XXX

En la iglesia

De extremo á extremo estaba lleno el camarín, que los hombres asignan por casa al Criador de cuanto existe.

Se empujaban, se oprimían, se machucaban unos á otros, exhalando ayes los pocos que salían y los muchos que entraban. Todavía, desde lejos, extendíase ya el brazo para mojar los dedos en agua bendita, pero á lo mejor venía la oleada y apartaba la mano: entonces se oía un gruñido, una mujer pisoteada renegaba, pero continuaban los empujones. Algunos viejos que conseguían refrescar sus dedos en el agua aquella, ya de color de cieno, en donde se lavara una población entera con más los forasteros, se untaban con ella devotamente, si bien con trabajo, el cogote, la coronilla, la frente, la nariz, la barba, el pecho y el ombligo, en la convicción de que así santificaban todas aquellas partes y no padecerían ni tortícolis, ni dolores de cabeza, ni tisis, ni indigestiones. Las personas jóvenes, bien porque no fuesen tan enfermizas ó no creyesen en aquella sagrada profilaxis, apenas humedecían la puntita del dedo—para que la gente devota no tuviese nada que decir,—y hacían de señalar la frente sin tocarla, por supuesto. «Será bendita y todo lo que se quiera,» pensaría alguna joven, «¡pero tiene un color!»

Se respiraba á duras penas; hacía calor y olía á animal bimano; pero el predicador valía todas aquellas molestias: su sermón le costaba al pueblo doscientos cincuenta pesos. El viejo Tasio había dicho:

—¡Doscientos cincuenta pesos por un sermón! ¡Un hombre solo y una sola vez! ¡La tercera parte de lo que cuestan los comediantes que trabajarán durante tres noches!... ¡Necesariamente debéis ser muy ricos!

—¿Qué tiene eso que ver con la comedia?—contestó malhumorado el nervioso maestro de los Hermanos de la V. O. T.;—con la comedia se van las almas al infierno, y con el sermón al cielo. Si hubiese pedido mil, le pagaríamos y todavía se lo tendríamos que agradecer...

—¡Después de todo, tenéis razón!—replicó el filósofo;—á mí al menos me divierte más el sermón que la comedia.