—¿Oyes?—preguntó un joven estudiante de Manila á su compañero;—¿te lo cortas?
—¡Ca! ¡que lo haga él antes!—contestó el otro señalando al predicador.
Ibarra se puso inquieto: miró en derredor suyo buscando algún rincón, pero toda la iglesia estaba llena. Nada oía ni veía María Clara, que analizaba el cuadro de las benditas ánimas del purgatorio, almas en forma de hombres y mujeres en cueros, con mitras, capelos ó tocas, asándose en el fuego y agarrándose al cordón de S. Francisco, que no se rompía á pesar de tanto peso.
El Espíritu Santo fraile, con aquella improvisación, perdió el hilo del sermón y saltó tres largos párrafos, apuntando mal al P. Dámaso, que descansaba jadeante de su apóstrofe.
«¿Quién de vosotros, pecadores que me escucháis, lamería las llagas de un pobre y andrajoso mendigo? ¿Quién? ¡Que responda y levante la mano! ¡Ninguno! Ya lo sabía yo: sólo un santo como Diego de Alcalá puede hacerlo; él lamió toda podredumbre diciendo á un asombrado hermano: ¡Así se cura á este enfermo! ¡Oh caridad cristiana! ¡Oh piedad sin ejemplo! ¡Oh virtud de virtudes! ¡Oh dechado inimitable! ¡Oh talismán sin mancha!...»
Y siguió con una larga lista de exclamaciones, poniendo los brazos en cruz, subiéndolos y bajándolos como si quisiese volar ó espantar á los pájaros.
«Antes de morir habló en latín sin saber latín. ¡Pasmaos, pecadores! Vosotros, á pesar de que lo estudiáis y os dan por ello azotes, no hablaréis latín, ¡moriréis sin saberlo! Hablar latín es una gracia de Dios, por eso la iglesia habla latín. ¡Yo también hablo latín! ¿Cómo? ¿Dios iba á negar este consuelo á su querido Diego? ¿Podía morir, podía dejarle morir sin hablar latín? ¡Imposible! ¡Dios no sería justo, no sería Dios! Habló, pues, latín, y de ello dan testimonio los autores de aquella época.» Y terminó su exordio con el trozo que más trabajo le costara y que plagiara de un gran escritor, Sinibaldo de Más.
«Yo te saludo, pues, esclarecido Diego, honra de nuestra corporación. Tú eres dechado de virtudes, modesto con honra, humilde con nobleza, sumiso con entereza, sobrio con ambición, enemigo con lealtad, compasivo con perdón, religioso con escrúpulo, creyente con devoción, crédulo con candidez, casto con amor, callado con secreto, sufrido con paciencia, valiente con temor, continente con voluptuosidad, atrevido con resolución, obediente con sujeción, vergonzoso con pundonor, cuidadoso en tus intereses con desprendimiento, diestro con capacidad, ceremonioso con urbanidad, astuto con sagacidad, misericordioso con piedad, recatado con vergüenza, vengativo con valor, pobre por laboriosidad con conformidad, pródigo con economía, activo con negligencia, económico con liberalidad, inocente con penetración, reformador con consecuencia, indiferente con ansia de aprender. ¡Dios te crió para sentir los deliquios del amor platónico...! ¡Ayúdame á cantar tus grandezas y tu nombre más alto que las estrellas y más claro que el sol mismo que gira á tus pies! Ayudadme, vosotros, pedid á Dios la inspiración suficiente rezando el avemaría.»
Todos se arrodillaron levantando un murmullo como el zumbido de mil moscardones. El alcalde dobló trabajosamente una rodilla, moviendo la cabeza disgustado; el alférez estaba pálido y contrito.
—¡Al diablo con el cura!—murmuró uno de los dos jóvenes que venían de Manila.