—¡Mal comienzo, hum!—decía el viejo Tasio alejándose.

XXXIII

Libre Pensamiento

Estaba concluyendo Ibarra de arreglarse, cuando un criado le anunció que un campesino preguntaba por él.

Suponiendo fuese uno de sus trabajadores, ordenó le introdujesen en su despacho ó gabinete de estudio, biblioteca á la vez que laboratorio químico.

Pero con extrañeza vió allí la severa y misteriosa figura de Elías.

—Me habéis salvado la vida,—dijo éste en tagalo comprendiendo el movimiento de Ibarra;—os he pagado mi deuda á medias y no tenéis nada que agradecerme, antes al contrario. He venido para pediros un favor...

—¡Hablad!—contestó el joven en el mismo idioma, sorprendido de la gravedad de aquel campesino.

Elías fijó algunos segundos su mirada en los ojos de Ibarra y repuso: