XXXV
Comentarios
Pronto se divulgó el acontecimiento en el pueblo. Al principio nadie lo quería creer, pero, teniendo que ceder á la realidad, todos se deshacían en exclamaciones de sorpresa.
Cada cual según el grado de su elevación moral hacía sus comentarios.
—¡El padre Dámaso está muerto!—decían algunos;—cuando le levantaron, tenía toda la cara bañada en sangre y no respiraba.
—¡Descanse en paz, pero no ha hecho más que saldar su deuda!—exclamaba un joven.—Mirad que lo que ha hecho esta mañana en el convento no tiene nombre.
—¿Qué ha hecho? ¿Ha vuelto á pegar al coadjutor?
—¿Qué ha hecho? ¡A ver! Cuéntanoslo.
—¿Habéis visto esta mañana á un mestizo español salir por la sacristía durante el sermón?
—¡Sí! sí que le vimos. El padre Dámaso se fijó en él.