XLI

Dos visitas

En el estado de ánimo en que se encontraba Ibarra, le era imposible conciliar el sueño; así que, para distraer su espíritu y alejar las tristes ideas que se exageran durante la noche, púsose á trabajar en su solitario gabinete. El día le alcanzó haciendo mezclas y combinaciones, á cuya acción sometía trocitos de caña y otras sustancias, que encerraba después en frascos numerados y lacrados.

Un criado entró anunciándole la llegada de un campesino.

—¡Que pase!—dijo sin volverse siquiera.

Entró Elías, que permaneció de pie en silencio.

—¡Ah! ¿sois vos?—exclamó Ibarra en tagalo al reconocerle;—dispensad que os haya hecho esperar, no lo había notado: estaba haciendo un experimento importante...

—¡No quiero distraeros!—contestó el joven piloto;—he venido primero, para preguntaros si queríais algo para la provincia de Batangas hacia donde parto ahora, y después para daros una mala noticia...

Ibarra interrogó al piloto con la mirada.