A las voces del cura habían acudido todos, hasta el padre Dámaso, capitán Tiago y Linares.
—¡Un insolente vagabundo que viene á pedir limosna y no quiere trabajar!—dijo el padre Salví, cogiendo el sombrero y bastón para dirigirse al convento.
XLIV
Examen de conciencia
Largos días y tristes noches se han pasado á la cabecera de la cama; María Clara había recaído momentos después de haberse confesado, y durante su delirio no pronunciaba más que el nombre de su madre, á quien ella no había conocido. Pero sus amigas, su padre y su tía velaban; enviábanse misas y limosnas á todas las imágenes milagrosas; capitán Tiago prometió regalar un bastón de oro á la Virgen de Antipolo, y al fin la fiebre comenzó á descender paulatinamente y con regularidad.
El doctor de Espadaña está asombrado de las virtudes del jarabe de altea y del cocimiento de liquen, prescripciones que no ha variado. Doña Victorina se halla tan contenta de su marido, que un día que éste le pisó la cola de su bata, no aplicó su código penal quitándole la dentadura, sino que se contentó con decirle:
—¡Si no llegas á ser cojo, me pisas hasta el corsé!
¡Y ella no lo usaba!
Una tarde, mientras Sinang y Victoria visitaban á su amiga, conversaban durante la merienda, en el comedor el cura, capitán Tiago y la familia de doña Victoria.