—Si me podéis conceder, señor, algunas horas de conversación, paseaos luego la tarde á orillas del lago y embarcaos en mi banca, pues tengo que hablaros de graves asuntos,—dijo Elías alejándose, después de ver el movimiento de cabeza del joven.

Ñor Juan trajo la lista, pero en vano la leyó Ibarra; el nombre de Elías no figuraba allí.


[1] Molave macho. Vitex geniculata, P. Bl.; molave hembra. Vitex op. Dungon. Heritiera litteralis ó Heritiera sylvatica, Vid. Ipil. Afzelia bijuga ó Eperua decandra, P. Bl., leguminosas. Langil, Mimosa lebbek (?), P. Bl. Tíndalo ó balayon, Eperua rhomboidea, Bl. Malapatay, Diospyros embrioptesis, Bl. Pino ó palo-pino, Pinus Merkusii, Junk et Vrieuse, Pinus insularis, Lindl. Narra colorada, madera roja parecida á la caoba, Pterocarpus Santalinus, L.; narra blanca ó arana, Pterocarpus pállidus, Bl. [↑]

XLIX

La voz de los perseguidos

Antes de ocultarse el sol, ponía Ibarra el pie en la banca de Elías, á la orilla del lago. El joven parecía contrariado.

—Perdonad, señor,—dijo Elías con cierta tristeza, al verle;—perdonad que me haya atrevido á daros esta cita; quería hablaros en libertad y aquí no tendremos testigos: dentro de una hora podemos volver.

—Os equivocáis, amigo Elías,—contestó Ibarra procurando sonreir;—me tenéis que conducir á ese pueblo cuyo campanario vemos desde aquí. La fatalidad me obliga á ello.