—¡Cuidado! ¡no te permito que lo publiques!
—¡Ni ganas!—contestó Sinang arrugando la nariz.—Si fuera algo más importante, lo diría á mis amigas; pero ¡comprar cocos! ¡cocos! ¿quién se interesa por los cocos?
Y más que de prisa fué á buscar á sus amigas.
Momentos después, Ibarra se despidió viendo que la reunión no podía menos de languidecer; capitán Tiago tenía una cara agridulce, Linares estaba callado y observaba, el cura aparentando alegría hablaba de cosas extrañas. Ninguna de las jóvenes había vuelto á salir.
LII
La carta de los muertos y las sombras
El nublado cielo oculta á la luna; un viento frío, presagio del próximo Diciembre, barre algunas hojas secas y el polvo en el estrecho sendero, que conduce al cementerio.
Tres sombras se hablan en voz baja debajo de la puerta.
—¿Le has hablado á Elías?—preguntó una voz.