—No le confundo con otro, aunque se le parezca.

Y ambos soldados siguen su ronda.

A la luz de los faroles vemos otra vez dos sombras ir una detrás de otra con gran cautela. Un enérgico ¿quién vive? detiene á ambas, y la primera contesta ¡España! con voz temblorosa.

Los soldados le arrastran y le llevan á un farol para reconocerle. Era Lucas, pero los soldados dudan y se consultan con la mirada.

—¡El alférez no ha dicho que tenga cicatriz!—dice el visaya en voz baja.—¿A dónde vas?

—A mandar una misa para mañana.

—¿No has visto á Elías?

—¡No le conozco, señor!—contesta Lucas.

—¡No te pregunto si le conoces, tonto! tampoco le conocemos; te pregunto si le has visto.

—No, señor.