—Oye bien, te diré sus señas. Estatura á veces alta, á veces regular; pelo y ojos negros; todo lo demás es regular,—dice el visaya.—¿Le conoces ahora?
—¡No, señor!—contestó Lucas atontado.
—Entonces, ¡sulung! ¡burro! ¡burro!—Y le dieron un empellón.
—¿Sabes tú por qué para el alférez es alto Elías, y regular para el cura?—pregunta pensativo el tagalo al visaya.
—No.
—Porque el alférez estaba hundido en el charco cuando le observó y el cura de pie.
—¡Es verdad!—exclama el visaya;—tienes talento... ¿cómo eres guardia civil?
—No siempre lo fuí; yo era contrabandista,—contesta el tagalo con jactancia.
Pero otra sombra los distrajo: le dieron el ¿quién vive? y la llevaron á la luz. Esta vez era el mismo Elías el que se presentaba.
—¿A dónde vas?