—Y ¿por qué?
—Quemad todo papel escrito por vos ó para vos: el más inocente se puede interpretar mal...
—Pero y ¿por qué?
—¿Por qué? porque acabo de descubrir una conspiración que se os atribuye para perderos.
—¿Una conspiración?... y ¿quién la trama?
—Me ha sido imposible averiguar el nombre de su autor; hace un momento acabo de hablar con uno de los desgraciados pagados para ello y á quien no he podido disuadir.
—Y ese ¿no os ha referido quién es el que le paga?
—Sí, exigiéndome que le guardase el secreto, me dijo que érais vos.
—¡Dios mío!—exclamó Ibarra y se quedó aterrado.
—¡Señor, no lo dudéis, no perdamos tiempo, que la conjuración acaso estalle esta noche misma!