—Y yo... pero en fin ¿á que no sabéis qué fué?—preguntaba un hombre de rostro socarrón.

—¡Ya! los cuadrilleros.

—No, señor; ¡un alzamiento en el cuartel!

—¿Qué alzamiento? ¿El cura contra el alférez?

—Pues, nada de eso,—dice el que había hecho la pregunta;—son los chinos que se han sublevado.

Y volvió á cerrar su ventana.

—¡Los chinos!—repiten todos con el mayor asombro.

—¡Por eso, no se ve á ninguno!

—Habrán muerto todos.

—Yo ya me lo suponía que iban á hacer algo malo. Ayer...