—Sí, era bueno,—replica la vieja;—pero se fué á España; todos los que se van á España se vuelven herejes, han dicho los curas.
—¡Oy!—le replicó el marido que vió su revancha;—¿y el cura, y todos los curas, y el arzobispo, y el Papa, y la Virgen no son de España? ¡Abá! ¿serán también herejes? ¡abá!
Felizmente para hermana Putê, la llegada de una criada corriendo, toda azorada y pálida, cortó la discusión.
—¡Un ahorcado en la huerta del vecino!—decía jadeante.
—¡Un ahorcado!—exclamaron todos llenos de estupor.
Las mujeres se santiguaron; nadie pudo moverse de su sitio.
—Sí, señor, continúa la criada temblorosa;—iba yo á coger guisantes ... miro á la huerta del vecino para ver si estaba ... veo un hombre balancearse; creí que era Teo, el criado, que me da siempre.... Me acerco para ... coger guisantes, y veo que no es él sino otro, un muerto; corro, corro y...
—Vamos á verlo,—dice el viejo levantándose;—condúcenos.
—¡No te vayas!—le grita hermana Putê cogiéndole de la camisa;—¡te va á suceder una desgracia! ¿se ha ahorcado? ¡pues peor para él!
—Déjame verlo, mujer; vete al tribunal, Juan, á dar parte; acaso no esté aún muerto.