[1] Sandoricum indicum, de Cavanilles (meliáceas). [↑]
[2] Desmodium canescens, De Cand., planta leguminosa. [↑]
LVII
¡Væ Victis!
Mi gozo en un pozo.
Algunos guardias civiles se pasean con aire siniestro delante de la puerta del tribunal, amenazando con la culata de su fusil á los atrevidos chicuelos, que se levantan de puntillas ó se cargan unos á otros para ver algo al través de las rejas.
La sala no presenta ya aquel aspecto alegre de cuando se discutía el programa de la fiesta; ahora es sombrío y poco tranquilizador. Los guardias civiles y cuadrilleros que la ocupan, hablan apenas, y aun en voz baja y pronunciando breves palabras. Sobre la mesa emborronan papeles el directorcillo, dos escribientes y algunos soldados; el alférez se pasea de un lado á otro, mirando de cuando en cuando con aire feroz hacia la puerta; más orgulloso no habría aparecido Temístocles en los Juegos Olímpicos después de la batalla de Salamina. Doña Consolación bosteza en un rincón, enseñando unas negras fauces y una accidentada dentadura; su mirada se fija fría y siniestra en la puerta de la cárcel, cubierta de figuras indecentes. Ella había conseguido del marido, á quien la victoria había hecho amable, le dejase presenciar el interrogatorio y acaso las torturas consiguientes. La hiena olía el cadáver, se relamía y la aburría el retardo del suplicio.
El gobernadorcillo está muy compungido: su sillón, aquel gran sillón colocado debajo del retrato de S. M., está vacío y parece destinado á otra persona.
Cerca de las nueve, el cura llega pálido y cejijunto.