Si sobre mi sepulcro vieses brotar un día,

entre la espesa hierba, sencilla, humilde flor,

acércala á tus labios, que es flor del alma mía,

y sienta yo en mi frente, bajo la tumba fría,

de tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.

Deja á la luna verme con luz tranquila y suave,

deja que el alba envíe su resplandor fugaz;

deja gemir al viento con su murmullo grave,

y si desciende y posa sobre mi cruz un ave,

deja que el ave entone un cántico de paz.