El obedeció, i sintiendo el suelo firme i parejo bajo su planta, echó a andar con rapidez. Despues de algun tiempo de marcha no interrumpida, notó que la oscuridad no era tan profunda ni el silencio tan continuado, pues que algunos ruidos indefinibles herian su oido. Pensó en Lucero, suspiró por ella con dolor i con esperanza, i recordó la descripcion que en otro tiempo le habia hecho del camino de la salida i las instrucciones que le habia dado. Pronto debo encontrar, dijo entre sí, al monstruo de la ignorancia.

Un rujido espantoso aturdió a don Guillermo, pero no conmovió su corazon. Sintió que le repelian con violencia, i fijando con toda intensidad su vista, vió delante de sí que la bóveda de la caverna habia desaparecido, i que marchaba por una agostura aclarada por una vislumbre opaca que dejaba ver a uno i otro lado elevadísimas murallas de roca. A pocos pasos mas, ya no pudo andar sintiendo sus piés enlazados como por un anillo de hierro. Cruzó ambas manos sobre el pecho i esperó. El anillo de hierro subia lentamente, pero mas bien eran nuevos anillos los que le abrazaban las piernas, puesto que mas arriba del primero que le ligó los piés, sentia otro i otros que se le enroscaban i apretaban, produciéndole una impresion de hielo que le daba un frio mortal a pesar de sentirse empapado de sudor. Un jadeo silbante i áspero, como el del boa constrictor, llegaba a sus oidos, i sentia un hálito pestífero, cuando los anillos le subian ya hasta la cintura.

El peso de los anillos casi le doblaba, i al mover sus brazos para balancearse i equilibrarse, sintió con ellos la cabeza enorme de la serpiente que le envolvia i tocó la forma i la morbidez glacial de su cuerpo. Entónces los levantó hácia arriba para que en ellos se enroscase el monstruo i preservar su cuello de la estrangulacion. Así sucedió, i aquella serpiente atroz dobló sobre el codo del brazo derecho su cabeza de un pié de largo, con ojos de áscuas, de boca abierta i de lengua de saeta que movia horizontalmente con velocidad, i la colocó cerca de la cara del animoso ingles.

«¡La luz de la Justicia, el ardor del Patriotismo i el poder de la Democracia disipan las tinieblas, i aniquilan la ignorancia!» dijo el héroe con voz trémula i pausada.

La serpiente dió un silbo parecido al que hace la tempestad en la jarcia de un navío, i se desplomó al suelo...

El héroe quedó inmóvil algunos instantes i repitiendo—Justicia, Patriotismo, Democracia, emprendió su marcha rápida i segura hácia adelante.

Una luz viva i rosada inundaba entónces aquel estrecho sendero por donde apénas cabian cuatro hombres de frente. A uno i otro lado se notaba la superficie desigual i ondulada de la montaña, que al parecer habia sufrido un rajamiento obrado por un cataclismo, como se ve en la angostura de Chañarcillo i en las gargantas del Caspio. Los ángulos i demas formas salientes de un lado correspondian a las hendiduras i curvas del otro; i el perfil de ambas líneas culminantes era igual, i ese perfil se divisaba a una elevacion prodijiosa.

Mr. Livingston abarcó de una mirada la fisonomía del lugar, i siguió las ondulaciones del camino, sin saber lo que habia detras del punto que le interceptaba la vista. Pero marchaba con valor i confianza, a pesar de que todavía sentia helada su sangre, húmeda su frente, i se miraba las manos como si fueran de mármol.

A medida que avanzaba, notó que la vereda se ensanchaba, pero que la luz disminuia i se ponia de un tinte incierto que estraviaba la vista i hacia vacilar la cabeza. Trató de sobreponerse a aquel prestijio i redobló su paso; pero al dar vuelta una curva de la montaña, se halló con tres caminos. Paróse dudoso i casi se aflijió: no sabia cuál de esos caminos debia tomar, i habia perdido la direccion del rumbo que traia.

Una mujer bellísima se presenta en el punto que hacia centro a los caminos. Vestia ropas lucientes i ricas, tachonadas de máscaras i lenguas rojas, mostraba solo una pierna por la abertura de su túnica talar, porque la otra le cojeaba; i llevaba en la mano un haz de pajas ardiendo, cuyas llamas deslumbraban i perturbaban la vista del viajero.