Mercedes soñaba tambien con ella, i casi no se habia apartado del postigo de su ventana, con el libro o la costura en la mano, pero sin leer una línea, ni dar una puntada.
¿Qué se habria hecho Alejo? No le habia vuelto a ver.
IX.
Era que Alejo tenia el pudor del niño, i mas que todo se estimaba demasiado para arriesgarse a pasar por importuno. Su eclipse no era efecto de un cálculo de enamorado. Nadie sufria mas que él, eclipsándose en aquellas circunstancias; pero tuvo bastante fuerza para no hacerse sentir de Mercedes, i hasta para no pasar por su balcon en esos dias, sin embargo de que de noche no apartaba su vista de la luz que alumbraba la estancia de Mercedes, hasta que las vidrieras de la ventana dejaban de reflejarla.
No sabia a qué horas debia hacer su segunda visita, i esta fué una cuestion que le preocupó tanto, que por resolverla no estudiaba ni atendia a las esplicaciones de su profesor. Al fin se decidió por las horas del medio dia, i se acercó una vez temblando a tocar la puerta de calle.
La muchacha le abrió, i en cuanto le reconoció le dijo:
—Suba arriba, señor, que mi amita Mercedes me ha mandado que le diga que allá lo recibe.
La sangre de Alejo estaba paralizada. Un vértigo le turbaba la cabeza i la vista. Al subir la escalera dió unos cuantos tropezones con paso pesado, de modo que Mercedes se perturbó, i arrojando el libro que tenia en las manos, se levantó murmurando esta frase:—«¡Ramiro a estas horas!» i corrió a encerrarse en su alcoba, donde se puso en acecho.
Al entrar a la estancia, Alejo respiró, ensanchando sus pulmones con aquel ambiente embalsamado que se respira en el hogar de una mujer bonita i elegante. Se apretó los ojos, casi los enjugó, volvió en sí, i no viendo a nadie, se apoyó en el sillon de Mercedes. Levantó un pañuelo que habia caido, lo acercó dulcemente a sus lábios, respiró su aroma i quedó extasiado. El pañuelo se le desprendió i volvió a caer en el momento de aparecer Mercedes, radiante i llena de contento, en la puerta de su dormitorio, saludándole con toda la espansion de una mujer que comprende que es adorada.