Alejo tuvo confianza. Replicó a las ofertas de Mercedes con gracia i desenvoltura; pero calló, quedó meditabundo i sério. Una idea le habia asaltado. «¿Puedo yo ofender con mi amor a una mujer tan noble, tan buena, tan afectuosa conmigo, siendo esta mujer la esposa de otro?»

—¿Qué tiene usted? le dijo Mercedes; parece que piensa usted en la ruina del mundo.

—Talvez pienso en lo que lo arruina, replicó Alejo.

—¿En el odio, en las venganzas, en los crímenes de la ambicion, de la codicia, de la ingratitud?

—¡En los de la traicion! agregó con énfasis el estudiante, i Mercedes palideció.

—¿Cuándo se hace traicion? esclamó Mercedes serenándose.

—Cuando se falta a la fé jurada, cuando se promete para no cumplir, cuando se finje para engañar, contestó Alejo.

—¿I si jura usted o promete sin saber lo que hace, por obedecer?

—Yo distinguiria. Cuando se jura o promete sin saber lo que se hace, yo absolveria la falta. Pero cuando se jura o promete por obedecer, porque obedeciendo sacamos algun provecho, entónces queda ligada nuestra voluntad i no podemos faltar sin hacer traicion.