—¿Quién? ¿Indelicato? Por supuesto, su compañero en la tertulia de Portales, esclamaba uno de los jugadores, gritando en seguida: Pásame la de Alejo, billarero, que esa es la que merecen todos esos tunantes.

El billarero le alargaba la maza, i el estudiante ántes de tirar, la blandió en señal de amenaza.

—¿Que será del pobre Alejo? dijo en voz baja el otro jugador, al picar de pasa-bola la suya, i se quedó mirando su rumbo con todos sus sentidos.

Todos callaron.

—¿Ninguno ha ido hoi a saber de él? esclamó un momento despues otro estudiante que no jugaba.

—¿Para qué? dijo uno. ¿Para recibir la tremenda noticia, i pasar un mal dia de fiesta?—En ese momento entraba otro, i varios de los de adentro le preguntaron a un tiempo: ¿Has sabido de Alejo?

—Debe de ser alma del purgatorio en este momento, respondió el que llegaba. No me he atrevido a ir a saber de él.

—¿Por qué lo dices?

—Porque anoche estuve en una casa, donde el doctor Polar estaba descuerando al viejo Moran, porque se habia salido con hacer una operacion, contra el parecer de todos los médicos. Ellos opinaban que debia desarticularse el brazo, por lo imposible que era penetrar en la fosa del estileto del asesino, para abrir de nuevo la herida; pero el viejo se salió con la suya, echándose toda la responsabilidad. ¡Quién sabe!

—¡Morir tan jóven!... ¡Pero con honor!...