Al fin un dia Mercedes oyó decir a su tio el albino, que en la noche precedente habia estado en los Desagravios, en la Merced.

—¿Cómo pudo usted salir de casa, mi tio? preguntó Mercedes.

—Por la puerta, dijo don Miguel secamente.

—¿Pues qué, ya no tiene la llave Ramiro?

—Nó, hace dias que me la entregó, diciéndome que ya no la necesitaba.

—¿Se fijó usted, mi tio, en la casa que está a los piés de la iglesia? ¿Notó usted algo?

—¿Cual, la del médico? Sí, estaban tocando el piano creo que bailaban.

Mercedes se cubrió con las dos manos la cara.

—¡Oh mundo! esclamó. ¡Ayer un muerto, i hoi música i baile!