»He tomado la pluma para notificarte que estoi bueno i próximo a trasladarme a Santiago. Pero no ya para vivir cerca de tí. Sigo a mi familia a otra casa.
»¿Mas me será posible verte, como ántes?
»Se me olvidaba esto, que es lo que me preocupa, i lo que mas necesito comunicarte.
»Estoi lleno de sobresalto, desde que recibí la carta que te incluyo. Es de tu marido i te aseguro que me da miedo. Ya te he dicho otras veces que el único hombre que me ha inspirado terror en mi vida es él. Hará conmigo lo que promete?
»Mira, mi adorada Mercedes, tú debes creerme que por tí moriria con placer. Mas despues de haber sacrificado mi corazon por honrarte i ser digno de tí, ¿es posible arriesgar la vida para deshonrarte i perderte?
»No sé qué hacer. No hallo otro arbitrio que entenderme con él i exijirle que fíe en mi probidad, i me permita verte. No me siento capaz de adoptar un plan para burlar su vijilancia, porque desde que nuestra amistad fuera furtiva, declinaria, i mi Mercedes dejaria de ser mi ánjel.
»Seria necesario que yo te amara ménos, para prostituirte. ¿I podria yo arrancar del trono de mi corazon, para arrastrar en el fango, al sér que mas venero, a la mujer que mas amo, a esa alta intelijencia que ha abierto los horizontes de mi espíritu, que ha educado mi corazon, que me ha hecho lo que soi?...
»Necesito de tí. Ya lo ves. Principié alegre esta carta, i ahora me siento abrumado de pena, de incertidumbre. La luz de alegría que me iluminaba al saludarte, se ha convertido en tinieblas. Se me ha cerrado el mundo. ¿No lo ves? Necesito de tí.
»¿Cuándo hablaremos? Te buscaré el siguiente dia de mi llegada, el primero del entrante, a las tres de la tarde. ¿Oyes? Creo que a esa hora podremos estar solos. Hablaremos. Definiremos nuestro porvenir.
»Adios, hasta entónces. Te abrazo desde este momento. Entónces te dará un beso tu