—¡Hijo mio! esclamó don Sebastian. ¡Ah, tú eres Roberto!, ¿no es verdad? ¡Tú eres Robertito, aquel a quien, hace veinte años, llevé en mis brazos abordo de la fragata Bacon, viejo cascaron que por nada no dió en los abismos con su cargamento, incluso la familia de mi amigo Greene! Esta es Ana, la adivino. ¡Qué linda niña, qué mona! dijo abrazándola, i luego mirando a todos lados, añadió.—¡Pero Luisa! ¿Adónde está Luisa?

Esta salia apresurada en ese instante de su aposento i se echaba en los brazos de don Sebastian, quien, despues de estrecharla, se quedó mirándola, i esclamó:

—¡Pero niña, que bella eres! ¿Sabes que eres mas hermosa que la otra? Haces honor a Lambayeque, donde viste la luz. ¿Mas, me parece que has llorado? ¿Por qué mi linda Luisa, que tienes, dí?

—He estado contrariada, respondió ella. Esperaba hallar aquí a mi madre. ¡Deseo tanto estrecharla a mi corazon!...

—Tienes tiempo, hija mia. Entre tanto, consuélate con tu novio. Tu padre, al recomendarme a este afortunado señor don Pedro, que está de cuerpo presente, me decia que iba a ser tu marido al volver a Inglaterra. Lo que es tu pobre madre, no ha podido venir a esperarte, porque tiene una parálisis, que segun tu futuro, le impidió hacer el viaje, aunque lo mismo da para un paralítico que lo echen a su aposento que en un barco. ¡Tú la recordarás talvez mi bella Luisa!

—No la recordaba ántes de llegar aquí, contestó esta; solo hacia vagas reminiscencias de mi nodriza, i acabo ahora de comprender que la que yo recordaba como en sueños era mi madre, mi querida madre...

—En realidad, ella te crió a sus pechos, dijo el viejo conmovido. ¡Qué hermosa era en aquellos tiempos la buena Rosalia!... ¡Vamos, todo se acaba!...

—¿Mucho tiempo hace, le preguntó Roberto, que usted no la vé?

—¡Toma! Si voi todos los meses al injenio. ¿Por que me ves viejo, crees que no puedo viajar a Lambayeque? ¡Quién no puede viajar desde que los ingleses han traido a estos mundos esa infernal invencion de los vapores! Hoi todo se hace por vapor, i cuando tu veas el que mueve el injenio de azúcar, te has de quedar estupefacto.