—Luego estos no saben que...
Pronto agregó:
—¡Vamos, niños, no exajereis! Estoi cierto de que mi amigo Greene no ha de haberos inspirado tales aprensiones. Por el contrario, ha de haberos enseñado a amar a todos los hombres, como él los amaba, blancos, negros o amarillos, que tambien los hai. Solo inspiran horror los tiranos, sean monarcas, presidentes, o negreros, que lo mismo da. No hai otros monstruos en la humanidad. No hai mas bestias feroces en la sociedad que los que despojan al hombre de sus derechos, sea para gobernarle como a bestia, sea para hacerle esclavo en su provecho. No hai diferencia entre un tirano coronado o con banda i un hacendado negrero. A todos esos es preciso darles con un canto, i no a los pobres que jimen en la esclavitud. Para éstos, la libertad, la enseñanza, a fin de rejenerarlos. Eso hicieron vuestros padres... Mas dejémonos de darnos codillo por cosas de negros. Hablemos de otra cosa. Dime, Roberto, ¿de qué murió mi amigo Greene?
—De una violenta anjina que apénas le dió tiempo para hacer sus disposiciones, dijo éste.
—¿Cómo dispuso de sus bienes?
—Mitad para su esposa, segun la lei del Perú, i mitad para nosotros. Ademas me encargó venir a llevar a mi madre, para establecerla en una propiedad que habia comprado cerca de Dover, i ordenó que se hiciera el matrimonio de Luisa, segun el rito católico, si Pedro persistia en la union, a su vuelta del Perú. Parece que papá quiso que el futuro de su hija conociera a mi madre, ántes de decidirse.
—Era tan prudente, repuso el anciano. ¿Nunca os dijo por qué habia prolongado tantos años su separacion de doña Rosalia?
—Por atender a nuestra educacion, por sus negocios... Pero constantemente proyectaba viaje para venir a llevársela...
—Dime, le preguntó don Sebastian, ¿cómo os hablaba de ella? ¿Tenia su retrato?
—Nos decia que era un modelo de bondad, que nosotros no nos pareciamos a mamá i que él deseaba que fuéramos buenos como ella. Pero no tenia su retrato.—