Rob. Eres una loca, Luisa. Yo necesito pruebas; i aun así...

D. Seb. Tú eres el loco. Pero, hombre, no hai que darse por perdidos, solo porque vuestra madre no os ha trasmitido su color. ¿I si en lugar de heredar la sangre de vuestro padre, hubiese prevalecido en vosotros la naturaleza de su esposa?

Rob. (con calor). ¡No fué su esposa!...

Luisa. ¡Pero es nuestra madre!...

D. Seb. Sí, su esposa i vuestra madre; no lo dudeis. Os sentis contrariados por vuestras falsas ideas, por vuestra vanidad de muchachos, lo diré sin rodeos. ¿Qué mas da? ¿Cuántos blancos hai que descienden de negros, sin alarmarse como vosotros? ¿I qué son una buena parte de los blancos que hacen la gloria de estas Américas, sino descendientes de negros? ¡Vamos, si no sabeis conformaros con lo que os impuso la naturaleza, vuestra será la culpa!

Rob. (con amargura). ¡Nó, nó; la culpa seria de quien nos dió el ser, sin contar con nuestra vergüenza!

Luisa (indignada). ¡Calla, temerario! ¡Es una infamia inculpar a nuestro padre! Un hijo no puede jamas, si no es un infame, juzgar al autor de sus dias! Si una falta es nuestro oríjen, aun mas, si un crímen lo fuera, el que cayó en esa falta, el que cometió ese crímen, es sagrado para nosotros. Un hijo solamente puede, solo debe perdonar i amar al instrumento de Dios, al ajente de la naturaleza que le dió la vida...

D. Seb. (conmovido). ¡Ven ánjel, que te abrace! (La abraza). Tú no haces mas que obedecer una lei de Dios, que tus hermanos pisotean, la que nos manda venerar a nuestros padres. Serás bendecida de Dios i de los hombres... Yo he visto hijos abandonados de sus padres, llorar su abandono, pero sin condenarlos. He visto hijos que no han conocido a sus padres, que no han nacido en una familia, quejarse de la desgracia de no tenerlos para amarlos, pero sin condenar jamas la falta que les dió el ser. He visto hijos de padres desnaturalizados, viciosos, criminales; pero no los he visto condenar, sino defender, disculpar a sus padres desgraciados. Creedlo, nada hai mas natural en el hombre que el honrar a sus padres, sin necesidad de que lo mande el decálogo. Pero lo que no he visto jamas es un hijo que pretenda negar a su madre porque es negra, i que condene a su padre porque le dió tal madre...

Rob. (echándose en los brazos de Llorente). Ya lo has visto, Pedro. ¡Es una negra! Pero, dime: ¿es cierto que fué la esposa de mi padre?