Alonso permanece en pié, helado, con una especie de pavor que jamas ha sentido, sin poder proferir una palabra: acaba de ver caer a Anjelina i miraba a la hermosa doña Ines, que tambien le ha reconocido.

A ese tiempo resonaban en la calle los clarines de los tercios que se retiraban de la plaza, i los gritos i algazara del pueblo que los acompañaba a sus cuarteles.

Vuelta en sí Anjelina, i despues de un profundo i significativo silencio, durante el cual permanecieron los tres mirándose de hito en hito, como espantados, Alonso se arroja a los piés de las dos damas, que estaban fuertemente abrazadas; i sollozando, con voz ahogada i balbuciente:

—¡Perdon, perdon, las dice, no para un criminal, sino para... para la mujer mas desgraciada que jamas la tierra sustentó!!...

—¡Mujer! repiten ambas horrorizadas i retrocediendo como si huyeran de un espectro.

—Mujer, sí, ¡la mas infeliz!...

En esta situacion permanecieron sin proferir mas palabras, hasta que doña Ines, rompiendo en amargo llanto, levantó al alferez del suelo en que yacia, preguntándole:

—¿Quién sois? decídmelo sin engaño.... ¡no añadais el escarnio a mis tormentos!...

—¡Soi doña Catalina de Erauso, nacida de nobles padres en San Sebastian! Pasé mi niñez en un convento, de donde me fugué a tiempo de profesar. Vagué por la España, en traje de hombre, hasta que la suerte me atrajo a estas rejiones, en donde fuí arrastrada por la fortuna a tomar la carrera de las armas. Vosotras conoceis mis hazañas i ahora sois las únicas depositarías de mi secreto... Maté a vuestro hermano, doña Ines, porque le amaba con delirio i me sentia arrebatada por los celos: yo no podia hacerme amar de él, pero tampoco podia sufrir que entregase su corazon a otra. Por eso os engañé: vos me amasteis, me lo disteis a conocer, i yo no podia desecharos, porque habria perdido al ídolo de mi corazon. Un arrebato de los celos, un momento de vértigo me hizo cometer aquel crímen que lloraré toda mi vida... ¡Perdonadme, doña Ines!... Vos sois la única que puede absolverme acá, para que Dios me perdone en el cielo: si vos me condenais, él tambien me condenará...