—Mr. Livingston. ¡Oh! paga mui bien i bebe mucho, i paga siempre en onzas antiguas.

—¿Pudiera usted darme noticias de él?

—¡Oh! Mr. Livingston toma mucho café, parece un frances, pero paga mui bien.

—¿Mr. Livingston es ingles?

—¡Oh! Habla ingles mui bien.

—¿De dónde ha venido aquí?

—Viene del hotel de Europa, todos los dias a tomar café.

—¿Pero de dónde, de qué pais ha venido a Valparaiso?

—¡How! Mr. Livingston ha llegado mucho tiempo ha; pero solo en estos últimos dias se ha hecho parroquiano del Aguila, por el buen café que aquí se sirve.

Cansado ya de interrogar a aquella mole tabacosa, i sin esperanzas de adelantar en mis investigaciones, determiné irme al mismo hotel de Europa, resolucion suprema, que me presentaba el camino mas corto para llegar a mi descubrimiento. Despedíme del patron, i eché a nadar hácia la plaza de la Municipalidad. El patio del hotel estaba inundado i su escalera azotada por la lluvia; pero nada me arredró. Penetré por pasadizos oscuros i silenciosos hasta el hogar de la patrona, conducido por un muchacho de la casa.