Varias voces. Ni yo tampoco. Yo ménos.

La vieja. Yo no conozco mas que a algunos de los brujos que cuidan del órden.

El mismo jóven. ¿Pero sabrán ustedes por qué les permiten ir al garito i no a otra taberna?

El mozo. ¡Miren qué gracia! Porque si allí pierde uno la plata que le adelantan, tiene que quedar obligao a servir!

El mismo jóven. ¿En qué?

La vieja. ¡Preguntón es el jutre!

El hombre. En ir afuera a trer niños.

El otro. I hombres que hacer imbunches.

El viejo. Para aumentar los vasallos.

Una vocería interrumpe el diálogo: es orijinada por una riña que se traba entre varios grupos. Todo se conmueve: los niños silban, las mujeres chillan i los hombres gritan, se revuelven, se entreveran, se golpean. Ayes i blasfemias se perciben en medio de la grita. Algunos hombres ensangrentados huyen. El tumulto se aplaca poco a poco; pero la policía no parece. Solo quedan hombres jadeantes i de miradas atroces. Algunos arreglan sus vestidos, otros rien a carcajadas, i no pocos hai sérios i tristes.