Los jóvenes que se habian visto envueltos en el torbellino, reconocen que han sido despojados por manos diestras de los adminículos que guardaban sus faltriqueras. Pero continúan mezclados con los grupos i siguen la marcha, anudando su diálogo, o mas bien empezando otro, porque sus interlocutores han desaparecido.
—Primer jóven. ¿Por qué ha sido la riña?
—Una mujer. Porque un hombre quiso vengarse de otro.
—El segundo jóven. Contadnos eso.
—Un hombre. ¡Con cuánto lo manda!
—Primer jóven. Lo suplicamos: no tendriamos con qué mandarlo. Nos han dejado los bolsillos pelados.
Una carcajada universal estalló al oir esta gracia.
—Otro hombre. ¡Chuparse el deo no mas! Otra risotada acompañada de rechifla casi hizo avergonzarse a los preguntones. Una mujer comprendió la situacion de los jóvenes i se interesó por ellos, esclamando:
—Yo les contaré, pero vamos andando. Todos se pusieron en marcha. A los lados de los jóvenes caminaban mujeres i niños que los miraban con curiosidad. A alguna distancia iban hombres silenciosos que los miraban de reojo.
—La mujer. No era naa, sino que un hombre habia jurao que otro se la habia de penar; lo encontró agora, i le metió el belduque.