—¿Cómo así?

—Quedando obligado a servir en todo lo que lo ocupen los Jenios, principalmente en perseguir i cazar mas hombres en el mundo para aumentar el número de los que aquí sufren.

—¿No acaban de quejársenos esos mismos porque no se les hace justicia? ¿No deploran su situacion, mostrando su odio contra la opresion que sufren? ¿Cómo es entónces que lo olvidan todo por satisfacer un vicio, i venden su misma libertad?....

—¿No comprendes que todas esas contradicciones i esas miserias son efecto puro de la ignorancia? Esos hombres no conocen el poder de los Jenios, sino por el mal que les hace; i, sin embargo, olvidan ese mal, por dar rienda a su egoismo, i sirven lo mismo que aborrecen.

—¡La ignorancia!

—Sí: observa la verdad de lo que te he dicho ya. Aquellos monstruos que encantan i aprisionan a la libertad, no son sino una alegoria de la verdad. Esos monstruos existen en la sociedad, son la sociedad misma, porque en ella están la ignorancia, la mentira, el fanatismo i la ambicion: circulan en su sangre. Recuerda lo que has visto, observa lo que ves. ¿No viste ya la ambicion entronizada, trabajando por sostener su imperio? ¿No viste ya la mentira infiltrada en la prensa i en la sociedad? Vé ahora la ignorancia encarnada en el pueblo mismo: observa mas i la irás encontrando en todas partes entrelazada fuertemente, de un modo indisoluble, con la mentira i el fanatismo. ¿Comprendes ahora cómo es que esos monstruos no pueden ser combatidos ni vencidos con el hierro i el fuego? ¿Comprendes que para vencerlos por la fuerza seria preciso decapitar a la sociedad entera?

—¡Sí, Lucero: tú me iluminas, pero abates mi espíritu con tan terribles verdades, que me dan a conocer que la libertad no puede salvarse de sus enemigos, que la libertad es imposible!....

—No, Guillermo:¡la libertad no es imposible! ¿Por qué desesperas? La libertad es la justicia misma i existe en la naturaleza del hombre. Es cierto que ella aborrece la violencia, porque su triunfo no es la fuerza; pero aunque lentamente, tarde o temprano, se abre paso ayudada por la ilustracion que mata la ignorancia, alumbrada por la verdad que ahuyenta la mentira. Cuando la accion de estos ajentes es dirijida por el patriotismo, ese amor celestial, esa caridad fecunda, que armoniza nuestro interes con el de todos i que enjendra la noble ambicion de enaltecer la patria que nos dió el ser, entónces no se hace esperar el triunfo de la justicia; de la justicia que, inspirando seguridad a todos, derrama en la sociedad la confianza, la tranquilidad i el contento, que dan dignidad al hombre i brillo a las naciones. ¡Ese es el imperio de la libertad!

XVII.
Segundo cuadro.