Pensamientos son estos capaces de quitar el frio a cualquier cristiano; pero como don Guillermo era protestante, no se le alcanzaba que el rei de la creacion, destinado por Dios para la vida eterna, no puede ni debe ser considerado como una avecilla destinada a ser comida en estofado, o como una flor, que si llega a tener buen fin no es otro que el de perecer disecada en el álbum de un enamorado. El hombre, aunque pecador, debe ser mas respetado: basta que todo le pertenezca en este mundo i el otro, segun lo ha dicho no sé que santo. Don Guillermo pensaba en aquellas herejías naturalmente, i por eso no perdia el frio que le tenia yerto i sin accion.

Súbitamente se abre de par en par la puerta en que estaba apoyado, i por poco hubo de caer, al sentirse flaquear en cuerpo i alma, pues que a mas del espanto natural que esto le producia, perdia el punto de apoyo que habia hallado en la puerta cerrada.

Una especie de hombre fué lo que vió detras Mr. Livingston, cuando volvió sus ojos espantados, i luego otro, i otro mas, todos vestidos uniformemente i con aire i actitud iguales.

—Recóbrese, hermano, le dijo uno de ellos, i pase adelante, si se le ofrece algo.

—Gracias, replicó el ingles medio aturdido, debo permanecer aquí.

—Es inútil, agregó otro, porque la persona a quien usted espera no vendrá. Anoche ha sido aprehendida, a poco de separarse de usted, i usted mismo lo habria sido, si no hubiese salido tan pronto de la ciudad.

Don Guillermo ocultó su rostro en sus dos manos, como para esconder la impresion dolorosa que le causaron estas palabras. Quedó irresoluto, perplejo, temiendo que aquello fuese otra prision donde se le hacia entrar con buenos modos para que no se alarmase. Casi estuvo a punto de echar a correr para salvarse, pero vió que no tenia para donde. El valle era allí estrechísimo i cerrado por altos cerros, que describian en su curso el estremo de una elipse, cuya parte abierta se prolongaba por el lado donde estaba situada la ciudad. ¿Será este el término de la Cueva, pensaba entre sí Mr. Livingston, o será la entrada?

Los personajes que tenia al frente le miraban como adivinándole sus pensamientos. Entre usted le dijo uno, talvez estaria usted mas seguro entre nosotros que aquí afuera; no tema usted nada, que estamos dispuestos a ampararle.

Mal de su grado hubo de corresponder el ingles a tan bondadosa oferta i siguió los pasos de sus nuevos protectores que le conducian en silencio.