“Han creído que en esta nueva situación no asomaba una idea, sino apenas un hecho; que la revolución no era profundamente social, sino meramente política; la civilización no tenía interés en respetar esa situación y apoyarla, ó, por lo menos, en dejarla desarrollarse libremente y aceptarla como el punto de partida de una grande y saludable transformación; han creído, en fin, que esa revolución republicana podía con el tiempo producir, ó la monarquía constitucional entre nosotros, que fortificase las tradiciones europeas, ó una disociación que, haciendo necesaria la intervención de Europa, se prestase á la explotación y á la partija en beneficio de los fuertes, que tanto le habían codiciado á España su dominación en el Nuevo Mundo.

“Ese error capital en la manera de apreciar la transformación de Colombia ha hecho á los europeos hostiles respecto de nuestras sociedades. Y esa hostilidad no ha consistido sólo en suscitarnos conflictos y embarazos, y en infligirnos humillaciones numerosas por cuestiones ridículas. Han hecho algo peor que eso: nos han desdeñado, prescindiendo del deber de estudiarnos, despreciando nuestros propios esfuerzos por hacernos conocer, y perdiendo un tiempo precioso para la civilización”.

NOTAS:

[1] Cuestión de Méjico.—Cartas de D. J. R. Pacheco al ministro de Negocios Extranjeros de Napoleón III.—New York, 1862.

[2] En el Español de ambos mundos y en el precioso libro titulado Ensayo sobre las revoluciones políticas y la condición social de las repúblicas colombianas, París, 1861, nuestro amigo J. M. Samper repitió el pasaje preinserto. Samper llama Colombia á la parte del Nuevo Mundo que se extiende desde el Cabo de Hornos hasta la frontera septentrional de Méjico, y América lo demás del continente.

[3] Esto es tan cierto, que se puede asegurar que las obras más recomendables que se han publicado en Europa durante los últimos años sobre América, lo son por las nociones de Geografía física y de Estadística comercial que contienen, mas no por el modo como han presentado á la sociedad. El Brasil y las repúblicas del Plata han sido con preferencia el objeto de esos libros; pero si no son éstos una apoteosis mentirosa, como L’empire du Brésil, del conde de la Hure, son compuestos bajo las inspiraciones de un espíritu tan estrecho, ó son tan incompletos en sus apreciaciones históricas y políticas, que es imposible que los lectores europeos puedan sacar de ellos otro provecho que el saber si les conviene ó no emigrar para el Plata en busca de fortuna. Las condiciones sociales, políticas é históricas de la sociedad americana quedarán siempre ignoradas, á pesar de esos libros.

II

¡Para qué enumerar en comprobación de estas verdades los numerosos hechos que están en la memoria de todos los americanos, y que sólo olvidan los que creen que la Europa haría una excepción á su ignorancia y á sus preocupaciones anti-americanas en favor de los que se le manifestaran sumisos!

Esa ignorancia y esas preocupaciones jamás se han manifestado más arrogantes y más invasoras que en la época presente, ahora en los momentos de la gigantesca lucha que acaba de terminar en los Estados Unidos del Norte. Dejemos á un testigo presencial trazar el cuadro de la actitud de los europeos en aquella situación. J. Debrin escribía desde Nueva York en agosto de 1863 lo siguiente:

“La propaganda europea ha encontrado tantos y tan serviles criados, dispuestos á desfigurar la verdad en el continente americano con respecto á la gran revolución de los Estados Unidos de América, y tal ha sido el constante empeño de esos asalariados de los monarcas y del clero de Europa en difundir apreciaciones erróneas, y relaciones impudentemente mentirosas, sobre la marcha política y social y sobre los acontecimientos de la guerra de este país, que en verdad se necesita mucho celo y mucho talento, por parte de un corresponsal que quiere ser veraz, imparcial y concienzudo, para merecer crédito de los mal informados pueblos de la América del Sur.